¡Buenos días, Cayambe! ¡Buenos días!
Cayambe, tierra mía; no puedo invocar tu nombre sin estremecerme de emoción, como a la voz de la Patria que hace de cada hijo un lucero inmarchito que nos enciende el alma; ningún pueblo de los que conozco ostenta como tú sus atributos esenciales de real grandeza.
En la mitad del mundo eres la comarca privilegiada, pletórica de maravillas y de arcanos en su pródiga naturaleza que despliegas para tus hijos y todos los que te aman y te sirven.
¡Qué firmamento y qué tierra la de Cayambe! <No parece, sino que el mismo cielo, para alumbrar a Cayambe, da la luz a sus estrellas y que, en la infinita flora de sus campos risueños, que son niágaras de frutos, beben aromas mil las auras promisorias y nuestro Shiry oriental magnífico, bravo, indómito y radioso, ese gigante de armiño que custodia con amor de novio eterno a esta urbe floreciente que, como reina, decora este paraíso y es nuestra madre a quien amamos con la pasión y el orgullo de ser sus hijos.
Y qué decir de ese, nuestro inmarcesible sol de los Incas que desde su alto trono de turquí preside ufano, el porvenir de este pueblo epónimo, cuna de la raza fuerte de heroicos varones, avezados al trabajo, a la lucha y al triunfo en esta su tierra, pensil ubérrimo de mujeres física y moralmente bellas.
Queridos coterráneos, ¿no es verdad que este cantón, relevante entre los de su género, lo merece todo de nuestra parte por sus peculiaridades excepcionales?
Ahora bien, ¿sabéis que la eterna y justa aspiración del hombre, es procurar que brille un día mejor para sí mismo, para su familia y para la sociedad en que vive y que solo los pueblos que se han superado para cumplir esta ley universal han llegado al supremo alcázar de sus legítimas aspiraciones? Siempre y en todas partes el esfuerzo mancomunado ha sido el precio de la gloria.
Y así es como, haciendo como lo son en realidad vuestros elevados anhelos de superación, llega a vosotros, dignos cayambeños, este saludo y este mensaje cordiales, impregnados de un espíritu netamente de hermanos. Nuestro órgano periodístico se titula Nasacota Puento, pues tratándose de nuestra circunscripción territorial, no hemos encontrado otro que sintetice con mayor verdad histórica, fuerza expresiva, sonora y elegante, como el nombre de este héroe autóctono, de este patriota que luchó denodadamente hasta entregar su vida egregia en defensa del suelo que le vio nacer y al que amó entrañablemente, dejando su ejemplo estelar a las futuras generaciones ecuatorianas.
Centro de Promoción Social y Cultural, Cayambe, se denomina la flameante asociación de jóvenes gallardos que, para robustecer vuestros ideales, hace su aparición en esta bella ciudad, ilustre capital de esta importante comuna. Su nombre mismo nos está diciendo de su naturaleza y propósitos laudables, claramente expresados en su exposición de motivos, objetivos y actividades.
Pues el expresado centro será el punto luminoso de donde portan y a donde converjan todas las actividades de la entidad por una gestión constante y dinámica dirigida al bien de nuestros conciudadanos, a los cuales damos desde ya un abrazo de hermanos. Para iniciar tan alta finalidad, será tomado como base primera el aspecto cultural con la colaboración de nuestras autoridades municipales, civiles y militares, en cuyo corazón de ecuatorianos está grabada esta verdad indiscutible:
«La cultura es la gesta más grande de la tierra,
porque solo el espíritu eternamente dura;
las más nobles conquistas del arte y de la guerra,
sin educar los pueblos carecen de cultura.»
Porque es obra sublime con almas amasada en pedestal de ideas. Si sueñas con tu alteza, Patria, forma a tu pueblo desde su edad dorada. Que esta legión sagrada conquistará los lauros de tu eternal grandeza.
David E. Manangón