Mayor conocimiento de la Educación Secundaria para mejor apreciación de la misma

Alocución destinada a pronunciarse en Cayambe el 12 de octubre de 1958

Dignas autoridades del Cantón, compañeros del Magisterio, señoras, señoritas, señores.

Hay en lo humano un poder, una voz, un llamado, que está sobre todas las verdades, sobre todas las voces, sobre todos los llamados. Ese poder proviene de un reinado, esa voz de un imperio y ese llamado de una autoridad, cuyas órdenes nadie se resiste a obedecer; esta realeza, este principado se llama Educación, y todos los que nos hablan en su nombre se constituyen en embajadores acreditados de su Majestad, La Cultura.

En nombre de este trascendental concepto y tal vez por una bondadosa equivocación, se ha dirigido a mí el señor Carlos Jarrín, distinguido ciudadano y espíritu joven, selecto y progresista de este Cantón, tierra de mis mayores y tierra mía. Y si a un llamado sincero de esta clase ningún ser racional puede resistirse, mucho menos un maestro que, modestamente y en el círculo que le corresponde, ha formado generaciones de ciudadanos, y mucho menos aún un Cayambeño que, aunque la mayor parte de su vida ha pasado fuera de su tierra nativa, ni un solo instante la ha olvidado, al contrario, mientras más lejos él, más cerca estaba ella de su corazón y la ha seguido en sus vicisitudes y triunfos, en sus luchas y victorias.

En este selecto concurso de personas inteligentes y amantes de la cultura, distingo a algunas que tienen derecho a mi especial deferencia, entre ellas el señor Don Luis Hernando Jarrín, mi bueno y recordado maestro, a quien respeto y admiro. Pido a ellos y a todos anticipada disculpa por las deficiencias que encontréis en esta intervención.

Del grande haz ideológico presentado por el señor Carlos Jarrín: Problemas de la educación y sus soluciones, he tomado esta espiga, más relacionada con la función que desempeño y que podríamos titular: La educación secundaria debe ser más conocida para ser más apreciada.

Para esto es preciso en primer término estimar el valor de la juventud.

Todos los verdaderos sociólogos, moralistas y pedagogos ven en los jóvenes las almas suspendidas por una hebra de luz a un mundo de ilusión y de ensueño. En esas frentes serenas, en esos esforzados corazones despunta ya el porvenir, el desconocido porvenir que ha de trocarse año tras año en realidad, ensombreciendo esas frentes, afanando esos brazos, exprimiendo esos corazones. De allí saldrán todas las energías del futuro, los que han de levantar y agitar desconocidas banderas a la luz de auroras que tal vez nosotros ya no hemos de ver; los que han de presenciar la ruina de muchas cosas, los que han de rectificar nuestros errores; los que han de ver lo que nosotros tenemos como un sueño, tal vez los viajes a la luna, y compadecernos por lo que nosotros imaginamos. Son seres amables en la vida, cuyos pies están teñidos con el color de la alborada, porque andan por el camino por donde viene el sol. ¡Ay! del Ecuador, por tanto, ¡ay! de Cayambe el día que sus jóvenes cultos desaparezcan. En ellos está el secreto de su vitalidad exuberante, de ellos nace el soplo soberano que nos empuja al porvenir. Amar al joven es comprender la vida. Ellos son los que, bien dirigidos, han de marchar llenos de la claridad de nuestro cielo, de la serenidad de nuestros valles erguidos y fuertes, sus espíritus como la inmensa mole de nuestro Cayambe contemplando la luz de un nuevo día.

Este es el valioso material que maneja la enseñanza secundaria, y veamos qué dirección pide tan noble elemento. Se va a aplicar en él un concepto, el más delicado y elevado de educación. Se van a plasmar sus actitudes para la formación del carácter y de una filosofía de la vida, o sea que va a realizarse la acción prolongada de varias personas sobre otra a fin de desarrollar sus cualidades innatas, biológica y socialmente útiles. El educando debe pues llegar, en resumen, a comprender el universo en que vive y abrirse camino a través de él.

He aquí sus principales características.- es una de las grandes empresas en la que es necesario tener fe. Es asequible a todos, no discrimina situación social, economía, raza, política, ni credo religioso; es gratuita; su plan de estudios es congruente; flor propia del terreno democrático, se exploran varios campos del saber y se adquieren instrumentos para una ulterior solución de problemas; tiende a las masas y no a la élite por su dirección democrática; muestra independencia de todo lo político y respeto a todo credo religioso; es dinámica en su marcha y da paso a las nuevas teorías sociales y educativas; es la más democrática de las instituciones, tanto que en ella se considera como un deber inculcar los principios democráticos para perpetuar la nación y sus instituciones.

Sus propósitos.- vivir bien y mejorar el nivel de vida actual; tener la aprobación de la sociedad; moverse dentro de lo factible; sugerir actividades que están de acuerdo con el educando; dar información práctica de habilidades, hábitos y técnicas, al lado del saber principios y reglas; aspira al bien común junto con la libertad individual; de moralidad inalterable, no de principios, sino de acciones; considera la salud de la juventud como un verdadero tesoro; su labor debe ser altamente adaptativa, integradora, diferenciadora, propedéutica, selectiva, diagnóstica y directiva; la fuente de aprendizaje del Colegio es la vida; en fin, es un infinito de procesos que no se puede expresar en un instante ya que la secundaria no abraza al niño ni al adulto, sino al hombre total íntegro, en realidad no tiene fronteras, es tan complicado como inconmensurable y misterioso es el ser racional, de aquí la finura de atender a sus intereses, generales, especiales e individuales.

Relaciones con la comunidad.- los propósitos de la educación secundaria avanzan también hacia el bien de la comunidad. He aquí los principales puntos de vista: fomentar el bienestar de los jóvenes en el hogar, en el Colegio y en la comunidad; elevar las normas de la vida en el hogar; establecer la más íntima relación entre el hogar y el Colegio, para que padres y maestros puedan cooperar inteligentemente en la educación del joven. Desarrollar entre los educandos y el público esfuerzos unidos, tales que aseguren a cada joven las mayores ventajas para su educación física, espiritual y social, desde luego, en este último aspecto con absoluta neutralidad política. Con esto desaparece la incomprensión, causa de críticas injustas cuya víctima es el Colegio. Pero, en cambio, cuando el pueblo conoce el valor de la educación y lo aprecia en su justo e incalculable valor, el gobierno tiene que corresponder positivamente en la elocuencia irrefutable de sus presupuestos.

El maestro secundario.- para la marcha de una institución educativa son esenciales: edificio, material, planes y programas de estudio, alumnos y maestros. El maestro ocupa la posición más importante, él es quien determina los objetivos, estimula, guía y dirige a los alumnos, selecciona las actividades del aprender y es responsable de la marcha del plantel. Para esta magna obra el maestro ideal será naturalmente todo inteligencia y voluntad, todo bondad y sacrificio, y en quien tenga puesta su plena confianza la ciudadanía.

Debe tener preparación académica y ejercer su cátedra en consonancia con su especialidad; tomar la enseñanza como profesión, dentro de la ética más perfecta, de modo que el maestro sea quien demuestre su capacidad para dirigir su propia conducta, de manera que nadie tenga que observar nada sobre su personalidad ni tocante a su noble labor. Debe tender continuamente a su mejoramiento mediante la práctica de lecturas y la asistencia a asambleas profesionales, cursos de estudio a domicilio, asistencia a cursos de verano, viajes, observación y supervisión. Notemos por último que, con relación a la nobleza de su misión, está insuficientemente remunerado, y de allí resulta, sumamente laudable la pequeña subvención que el Ilustre Ayuntamiento de Cayambe da a los profesores del Colegio de su nombre, es un bello ejemplo a casi todos los cantones de la República, sea pues el momento de agradecerlo debidamente en nombre de la ciudadanía.

Así pues, bien comprendido, un Colegio es un maravilloso troquel de la juventud que guía al adolescente por los más seguros caminos para llegar al soñado alcázar del progreso: estudio y trabajo, consigna del gran precursor, Espejo. Cultiva su espíritu, lo prepara moralmente, lo ilustra, lo acostumbra a la ardua labor, ley de todos los mortales, al mismo tiempo que le proporciona inefables placeres del espíritu, le arma para la vida. Esto significa que el Colegio es valioso para el individuo. Prepara hombres que han de servir a sus semejantes, impulsando a los pueblos hacia arriba, por medio del estudio alcanza el cultivo intelectual y propende al progreso material, esto prueba que el Colegio es importante para la sociedad. Es un oasis en el desierto de la vida, y se halla en estado de suministrar para el futuro datos que honren a la historia; es, en fin, cimborrio diamantino sobre el que se levanta la formación general del hombre, y uno de los factores, sin duda el más eficaz, que impide que el mundo retroceda a la vulgaridad; luego, el Colegio es necesario para la Humanidad. Nada menos que de los gallardos escuadrones de la Segunda Enseñanza desfilarán con el tiempo los poetas, los escritores, los maestros, los abogados, los médicos, los oradores; los buenos, los contemplativos de la belleza, los metódicos, los ordenados, los estudiosos, los Directores de Escuelas, los Rectores de Colegios, Academias y Universidades, los personeros de la Banca y del Comercio, los humanistas apolíneos, los que mantendrán el buen gusto en el divino banquete de las letras. En una frase, de allí saldrán los que han de esparcir con abundancia, luz de sabiduría y fuego de amor por los cuatro puntos cardinales de su tierra querida, Cayambe, y de su bella Patria, el Ecuador.

Ellos, bien formados, no atenderán a los que especulan con el honor, con el patriotismo, con la candidez y con la abnegación sin límites del pueblo y le repiten idénticas promesas; a ellos ya no le seducirán las palabras sonoras, dejando de escuchar las que encienden la voluntad y dirigen el sentido común; sabrán alejarse de aquellas que emplean el  tiempo en exhibir su patriotismo y viven del patriotismo de los otros; ellos exigirán que la ley sea la autoridad suprema y no serán pasto de la simulación y del engaño; ellos caminarán con sus propios pies, pensarán con su cabeza y obedecerán a su corazón; darán la espalda a los que les halagan su vanidad, a los que especulan su buena fe, a los que procuran que el pueblo sea siempre rebaño para ser ellos siempre pastores; educarán a la mujer para madre del porvenir y harán que la tierra sea de quien la trabaja y no como hoy, que la tierra y el trabajador pertenecen a cualquier haragán.

Señores, hay una máxima que dice: Nihil volitum quin praecognitum [1], quizá siquiera de lejos y en forma pálida se haya logrado. Los problemas humanos han de resolverse de acuerdo con los grandes pensadores, en el joven. La juventud es como los trigales, primero tierra labrada, después esmeralda, luego oro, enseguida armonía y por último alegría, pan y paz en los hogares.

Ayudad a sembrar cuantos amáis la verdad, la belleza y la justicia, y tendremos la alegría de la buena cosecha. Felices, fuertes y triunfadores son los pueblos que surgen en medio de jóvenes bien formados, como los hombres que disfrutan en medio de los árboles, gozando de la caricia de su sombra y de la terapéutica de su fruto. Y tú, oh juventud de nuestra ciudad, vigila, aumenta el caudal y la pureza de tu fuente de vida, de fuerza y hermosura, tú serás la copa de agua mirífica para la especie sedienta.


[1] Nada se puede querer si antes no se conoce.

Deja un comentario